Fruto en toda estación
Devocional de 7 días
“Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes.”
Dios no ha terminado contigo. Toma estos siete días con calma. Lee el pasaje, medita en el versículo y habla con el Señor. Si se te cansan los ojos, pide a alguien que lea contigo, o escucha una Biblia en audio.
El pasaje del día, sin prisa.
Lee la reflexión corta.
Responde las preguntas, en voz alta o por escrito.
Usa la oración, o tus propias palabras.
Todavía das fruto
“Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto.”
Una palmera puede vivir más de cien años, y muchas siguen dando fruto todo ese tiempo. El salmista dice que el pueblo de Dios es así.
Quizás tus fuerzas ya no son las de antes, pero el fruto no viene de nuestras fuerzas. Viene de estar plantadas en la casa del Señor. La paciencia, la bondad, una palabra amable, una oración fiel: todo eso se vuelve más dulce con los años. El mundo puede decir que tus mejores días ya pasaron. La Palabra de Dios dice que todavía puedes dar fruto, y que tu vida todavía puede mostrar que el Señor es bueno.
Para pensar
- ¿Qué fruto ha hecho crecer Dios en ti con los años que no tenías cuando eras joven?
- ¿Quién a tu alrededor necesita un poco de ese fruto esta semana?
Ora
Señor, gracias por plantarme en tu casa. Mantenme verde y creciendo. Usa mi vida, a esta edad, para mostrar a otros que tú eres bueno. En el nombre de Jesús, amén.
Él te llevará
“Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré.”
En los días de Isaías, la gente cargaba a sus ídolos en carretas, y los ídolos eran una carga pesada. Nuestro Dios es diferente. Él carga a su pueblo.
Te cargó antes de que nacieras, y promete llevarte hasta las canas. Tal vez te preocupa tu salud, el dinero o quién te va a cuidar. Son preocupaciones reales. Pero no estás cargando tu vida sola. El Dios que te hizo prometió sostenerte, llevarte y guardarte. Hoy puedes descansar en sus brazos.
Para pensar
- ¿Qué preocupación estás cargando ahora mismo?
- ¿Cómo sería dejar que Dios la cargue hoy?
Ora
Padre, me has cargado toda mi vida, aun cuando yo no lo veía. Hoy te entrego mis preocupaciones. Confío en que me llevarás hasta el final. Amén.
Renovada cada día
“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.”
Pablo no finge. Dice que lo de afuera se va desgastando. El cuerpo se cansa, las rodillas duelen, los ojos ya no ven igual.
Pero esa no es toda la historia. Mientras lo de afuera envejece, Dios está haciendo nuevo lo de adentro, cada día. Cada vez que abres su Palabra, cada vez que oras, cada vez que decides confiar en Él, te está renovando. Pablo llama a nuestros problemas “leves” y “momentáneos” comparados con la gloria que viene. Tu cuerpo es temporal. Tu alma se está preparando para la eternidad.
Para pensar
- ¿Qué te cuesta más ahora: los cambios en tu cuerpo o los cambios en tu corazón?
- ¿Cómo te ha renovado Dios por dentro este último año?
Ora
Señor, cuando mi cuerpo se sienta débil, ayúdame a no desanimarme. Renuévame por dentro hoy. Pon mis ojos en lo que dura para siempre. Amén.
El ministerio de la oración
“No se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.”
Ana era viuda y tenía ochenta y cuatro años. Perdió a su esposo joven y vivió muchos años sola. Pero no desperdició esos años. Se mantuvo cerca de Dios, adorando y orando de día y de noche. Por estar ahí, vio al niño Jesús con sus propios ojos y les habló de Él a todos.
Tal vez ya no puedes hacer todo lo que hacías antes. Pero puedes orar. La oración no es un ministerio pequeño. Es trabajo real en el reino de Dios, y lo puedes hacer desde tu silla, tu cama o tu cocina.
Para pensar
- ¿Por quién podrías orar por nombre cada día?
- Escribe abajo una lista corta de oración y guárdala en tu Biblia.
Ora
Señor, hazme una mujer de oración como Ana. Recuérdame a las personas que necesitan mis oraciones, y ayúdame a ser fiel en orar por ellas. Amén.
Enseña lo bueno
“Maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos.”
Dios les dio a las mujeres mayores un trabajo especial en la iglesia: enseñar y animar a las más jóvenes. No desde un escenario, sino en la vida diaria: tomando un cafecito, por teléfono, en la cocina.
Las esposas y mamás jóvenes están cansadas y muchas veces se sienten solas. Las muchachas necesitan a alguien que les diga la verdad con amor. Tú tienes algo que ellas necesitan: años caminando con Dios, errores de los que aprendiste y oraciones que Él contestó. No necesitas tener todas las respuestas. Solo necesitas estar dispuesta a compartir lo que Dios te ha enseñado.
Para pensar
- ¿Qué lección te enseñó Dios que te hubiera gustado saber a los 25 años?
- ¿A qué mujer más joven podrías llamar, escribir o invitar esta semana?
Ora
Padre, gracias por todo lo que me has enseñado. Dame valor para compartirlo. Trae a mi vida a una mujer más joven a quien pueda animar. Amén.
Cuéntale a la próxima generación
“Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad.”
El que escribió el Salmo 71 ya es mayor, y le pide a Dios una cosa: no me dejes hasta que le cuente a la próxima generación de ti.
Tus hijos, tus nietos y los niños de la iglesia necesitan escuchar tu historia. ¿Cómo conociste a Jesús? ¿Cuándo te proveyó Dios? ¿Cuándo fue fiel en un momento difícil? Esas historias son un tesoro, y si no las cuentas, se pueden perder. Escríbelas, grábalas en el teléfono o cuéntalas en la mesa. Tu testimonio puede vivir más que tú.
Para pensar
- ¿Qué historia de la fidelidad de Dios debería escuchar tu familia?
- ¿A quién se la vas a contar, y cuándo?
Ora
Dios, has sido fiel conmigo desde mi juventud. Ayúdame a contarle a mi familia lo que has hecho, para que ellos también confíen en ti. Amén.
Terminar bien, con esperanza
“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”
Marta estaba cerca de la tumba de su hermano cuando Jesús le dijo estas palabras. Él no le quitó el dolor, pero le dio una esperanza más grande que la tumba.
En esta etapa de la vida pensamos más en la muerte. Hemos despedido a personas que amamos, y sabemos que nuestro tiempo también llegará. Para quien confía en Jesús, la muerte no es el final. Él es la resurrección y la vida. Porque Él resucitó, nosotras también resucitaremos. Esa esperanza nos deja vivir hoy en paz y terminar bien nuestra carrera.
Para pensar
- Jesús le preguntó a Marta: “¿Crees esto?” ¿Qué le responderías hoy?
- ¿Hay algo que quieras decirle a alguien, o arreglar, mientras puedes?
Ora
Jesús, tú eres la resurrección y la vida, y yo creo en ti. Dame paz sobre el futuro y ayúdame a terminar mi carrera con fidelidad, para tu gloria. Amén.
¡Terminaste!
Gracias por pasar estos siete días con el Señor. Sigue adelante: lee un Salmo cada día, empezando con el Salmo 23. Guarda tu lista de oración en tu Biblia y sigue añadiendo nombres.
Si quieres que oremos por ti, o necesitas una Biblia de letra grande, escríbenos. Con gusto te ayudamos.
“Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.”